«El
hombre es una criatura que se siente insegura en el mundo y busca, mediante las
formas más diversas, lago permanente y estable; formas que pueden ir desde los
ritos mágicos hasta la búsqueda sistemática del conocimiento».
(Ransanz cita a Dewey, p.56).
A partir de lo dialogado por el grupo de
WhatsApp del equipo 2, y de un par de entradas publicadas en este blog Quiero hacer una corta reflexión articulando el
texto “El papel de las emociones en la producción del conocimiento” de Ana Rosa
Pérez Ransanz.
Para comenzar quiero resaltar la
capacidad de somatizar del ser humano, por esta época nos permitimos hablar y
ser lenguaje desde el síntoma.
¿Se han percatado que por esta época las
personas se expresan mayormente desde sus emociones?
He notado como las personas se hacen por
esta época de contingencia más sensibles, diría yo, más sintomáticos, es el
síntoma en el otro y en nosotros mismos, lo que nos hace reconocernos como
sujetos sensibles a las condiciones adversas. Por estos días, he encontrado que
los padres de familia de mis estudiantes, se muestran un poco más intempestivos
que antes; por su parte mis estudiantes se notan más ansiosos, tal vez
estresados, si se quiere inseguros; y es que tal vez hemos comprendido la
fragilidad de nuestra existencia, el sentido de la incertidumbre.
La incertidumbre como eso que no sabemos
que puede acaecer, pero que se muestra como una llama de esperanza aún en los
senderos de las tinieblas, es lo que nos permite reconocernos como seres
humanos finitos, que se aferran a la vida, y a su ilusión de realización.
Tal vez muchas personas por esta época
están desarrollando lo que antes su misma vida no les pudo brindar: “un
pensamiento emocional” desde una dimensión racional, esto es comprendido desde
Ransanz, como estos sentimientos vinculados a las emociones que nos permiten
redescubrirnos desde nuestra vastedad, si se quiere vulnerabilidad. Y esto
mismo nos permite cuestionar nuestro accionar, para reinventarnos desde lo
simple de la existencia humana, pero también para transformar nuestras miradas
de mundo, y por supuesto nuestras prácticas educativas.
¿De las emociones se puede generar una
actividad cognitiva que produzca conocimiento?
En parte sí, porque son las emociones
las que permiten movilizar el acto cognitivo para descubrir, analizar y crear;
sin el fervor de la emoción no hay condición de generación de pensamiento, pero
no es porque estas canalicen la actividad cognitiva, sino porque «por regla
general afectan al razonamiento para bien […] éstas le prestan una ayuda
indispensable». Ana Ransanz cita a Ronald de Sousa, p.57.
Si comparamos las emociones con el
síntoma del que hablaba anteriormente; se puede entrever que aprendemos no
por las emociones o el síntoma, sino desde las
emociones o el mismo sintoma. Nos deconstruimos como sujetos finitos por un
virus, nos transformamos por la necesidad de preservarnos.
Y después de que todo pase, no seremos
los mismos, hoy no somos los mismos… “Después de haber hecho un descubrimiento,
nunca volveré a ver el mundo como antes. […] Ha cruzado un vacío [gap], el
vacío heurístico que media entre el problema y el descubrimiento”.
Ransanz cita a Polanyi, p.55.
Lista
de referencias
Perez Ransanz, A. (2011) “El papel de las emociones en la
producción del conocimiento” en: Estudios Filosóficos 173
51-65.
Vergel, R. (2020). “La sociedad que estamos construyendo
y la sociedad que podemos construir: un retrato del presente”. En:
Boletín: Educar en la incertidumbre, Edición No. 6. Universidad de Antioquia.
Disponible en: https://drive.google.com/file/d/18M7nXGy2fq3XElOO-g5xjNhaSrxesC2x/view#6%5D%20Educar%20en%20la%20incertidumbre&utm_source=MasterBase%20UDEA2COMCO&utm_medium=email&utm_content=3&utm_term=none
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