En estos largos e intensos días
transcurridos no nos ha sorprendido encontrarnos con muchos artículos,
noticias y hasta consejos que focalizan en elementos más bien “objetivos” de
los impactos de la pandemia como, por ejemplo:
1-urgencias en que se retomen procesos de
realización de rutinas,
2-acceso rápido a las tecnologías,
3-que se desarrollen habilidades para afrontar esas
condiciones objetivas de la realidad que se modificaron,
Todas estas exigencias se
“dictan-¿hablan?-¿dialogan?” a modo de una adaptación rápida de los
sujetos a sus procesos de producción y demás aspectos de su vida
cotidiana dentro de lógicas más bien capitalistas. Es así como se advierte
que hoy se dejan de lado, a nuestro modo de ver, la creación/permisos de
más espacios de escucha que permitan a lxs sujetos “hablar”
- “expresar” lo que les pasa. Por eso es que consideramos que sería un
aporte muy importante permitir que los usuarios de nuestro blog tengan
ese permiso para poder expresar cual es el impacto subjetivo de
este proceso social-mundial que estamos viviendo.
Como hombres y mujeres de ciencia podemos permitir
un espacio para “reivindicar la angustia” (2020. Berecibar, M.) consintiendo
espacios para que “duelemos lo que necesitemos duelar” ya que
como nos explica Ransanz “una teoría de la agencia humana debe considerar el
ejercicio de todas las habilidades que nos caracteriza como agentes racionales,
las cuales incluyen, en primer lugar, nuestras capacidades y disposiciones
emocionales” (2011. Pág. 64).
De esta manera compartimos con Uds. un escrito dando el primer paso en este espacio para "duelar":
《 Reivindicando la angustia 》
Ante la indicación de permanecer en cuarentena preventiva y obligatoria a razones de la pandemia que nos atraviesa globalmente y ahora que los psicólogos no podemos trabajar con "lo real del cuerpo", es fundamental deconstruir ciertos conceptos teóricos y empezar a generar nuevas propuestas de encuadre para seguir acompañando a nuestros pacientes. Un nuevo "espacio posible" que no deje de ser promotor, ni vehiculizador de procesos.
Durante las sesiones que vengo realizando vía videollamada con mis pacientes, en su mayoría adolescentes y jóvenes, he rescatado algunas cuestiones que invitan a interpelarse, a interrogarse como profesionales de la salud mental y como seres humanos.
Existe actualmente un permanente bombardeo de infinitas cosas para hacer, para "ocupar" el tiempo, para "tapar" y que no sobrevenga esa tan "temible angustia". Como una especie de reacción maníaca propia del inicio de un duelo en donde prima la negación como mecanismo defensivo.
Tomando palabras del Lic. Bruno Bonoris para abrir reflexiones al respecto:
"El ideal de productividad durante la cuarentena se muestra, más que nunca, como una exigencia incumplible y enfermante.
En estos días escuché a personas escandalizadas porque no habían "aprovechado el tiempo" y a muchos psicólogos afirmar que era clave armar y mantener una rutina para conservar las referencias temporales. Está bien, pero creo que lo que más necesitamos ahora, como dijo Benedetti, es un tiempo sin tiempo" (Bonoris, 2020).
Seguimos sometiéndonos y reproduciendo el lema capitalista de la productividad. El colmo del capitalismo: el triunfo de la demanda constante. Hoy la demanda se instaló en "casa" y sentimos que no tenemos a donde "escaparnos"... y esto puede llegar a ser insoportable. El estar todo el tiempo con uno mismo. El silencio. Lo espectral, especular y el propio ego puestos en juego. El conocernos, reconocernos o desconocernos, enfrentarnos con quienes somos y lo que estamos haciendo con nuestro devenir...
El vacío, la falta, las pérdidas, la ausencia, la soledad, el aislamiento, el encierro, "el confinamiento", "eso extraño" que irrumpió e interrumpió nuestras vidas, nuestras rutinas, "el quiebre" de lo que era y ya no es, la conflictiva de los vínculos que queda expuesta en la convivencia, el miedo, el hacer consciente una representación de "la muerte"... nociones que buscan ser contenidas, acogidas, atendidas... implorando un "espacio" de despliegue. Como así también es necesario tolerar la frustración del "no saber" propio de la incertidumbre. Porque no es posible dejar de hacer texto del con-texto.
Como esa paciente que me dice "tengo ese nudito en la garganta", la piba se "hace cargo" y lo larga, cual proyectil, porque "su angustia" se desborda, la "ahoga" y no se puede seguir mintiendo ni evadiendo. Ya no lo negocia y aunque sabe que el trabajo interno conlleva un "costo" a nivel psíquico, un "precio a pagar"... le hace frente, se "la banca" porque en palabras de ella "es más importante y trascendental mí deseo por conocerme y estar bien". No cualquiera se anima, porque es al fin mirarse y dejar de escaparse de uno mismo.
Cuando se cae para adentro no entra nadie que no sepa leer con los ojos cerrados. Es quitarse "las vendas".
O como me dijo un adolescente hoy, "un visitante desconocido me invade" en un juego en línea con el que "estoy re manija viciando" y luego, me cuenta como busca respuestas a sus interrogantes con respecto a las probabilidades de que el planeta Tierra "desaparezca" por YouTube... la manera en la que él está tramitando esto que emerge de lo contextual y tiene serias implicancias en su subjetividad. Lo raro, la incertidumbre, la preocupación, "su angustia", el no saber, el no comprender. El tolerarlo.
Y aquel sueño recurrente de otra adolescente, quien se encuentra cursando "virtualmente" nada más ni nada menos que su sexto año de secundaria (con todo lo que se "juega" ahí, en ella, en sus expectativas, en su duelo, en "su angustia"), tramitando y soportando el no poder encontrar respuestas a esa pregunta del ¿por qué?. Me dice "Dani, hace días que vengo soñando con que llego tarde al cole, corro y nunca llego" y "me ponen la falta"...
Apalabrar lo que sentimos,
darle sentido a "eso"
que está ahí "latiendo",
lo que se manifiesta
reclamando "un espacio".
Concederlo.
Tejer trama.
Hacer nudo y desanudarlo.
Desnudarnos.
Escucharnos.
Soportar el "no saber".
Tolerar la "no respuesta".
Que no haya cerezas.
Entonces, acogernos.
Hacernos nido.
Volvernos refugio.
Habitarnos.
Aceptar.
Aceptarnos.
Cultivarnos.
Soltarnos para adentro.
Y duelar todo lo que sea necesario.
A la angustia hay que darle "su" lugar.
María Daniela Berecibar
Licenciada en Psicología
M.P. 12176
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